Francisco Redondo / portafolio
volver al blog

El problema no era el código, era intentar hacer el portfolio perfecto

Durante casi 6 años rehice mi portfolio una y otra vez. Cambiaba el diseño, el stack y hasta borraba proyectos enteros porque nunca sentía que estuvieran “listos”. Este artículo trata sobre perfeccionismo, desarrollo web y lo que aprendí intentando construir un portfolio que realmente me representara.


Hoy por fin tengo mi portfolio publicado, inaugurado con este artículo. Y digo por fin porque me ha costado más de seis años llegar hasta aquí. Durante todo este tiempo pensé que el problema era el código, el stack o el diseño. Siempre había algo que cambiar o mejorar, algo que no terminaba de encajar.

Pero con el tiempo entendí que el problema nunca fue ese. El problema era intentar hacerlo perfecto.

Un proyecto que nunca terminaba

Llevo desde aproximadamente 2020 intentando construir este portfolio. Y digo intentando porque durante años nunca llegaba a terminarlo de verdad. Empezaba una versión nueva, me motivaba bastante, avanzaba rápido durante unos días, pero siempre llegaba al mismo punto.

Algo no me convencía. No lo veía lo suficientemente limpio, o moderno, o simplemente sentía que no estaba listo. Y en lugar de seguir mejorando poco a poco, lo normal era borrar todo y empezar otra vez desde cero.

El mismo ciclo una y otra vez

Si lo miro con perspectiva, el patrón siempre fue el mismo. Elegía un stack nuevo, empezaba con ilusión, me centraba en el diseño, pasaba horas ajustando detalles, y al final nunca estaba satisfecho. Entonces pensaba que el problema era la tecnología, que si cambiaba de framework o de enfoque todo encajaría la siguiente vez.

Pero no era así.

He pasado por sitios muy simples, WordPress, distintos frameworks e intentos de arquitecturas más complejas, pero el resultado siempre era el mismo: el proyecto nunca llegaba a existir de verdad.

El falso problema del stack

Con el tiempo entendí algo que me costó ver: el problema no era el stack. Era usar la tecnología como excusa para no publicar.

En el fondo no era un problema técnico, era esa sensación constante de que todavía no estaba listo, como si un portfolio necesitara ser perfecto antes de poder existir. Y eso, sin darte cuenta, te bloquea completamente.

El cambio

No hubo un momento exacto en el que todo cambiara, pero sí una idea que empezó a repetirse cada vez más: un portfolio no se termina, se publica.

A partir de ahí cambié el enfoque. Dejé de intentar hacerlo perfecto y empecé a intentar hacerlo real. Simplifiqué todo, quité cosas innecesarias y dejé de empezar desde cero cada vez que algo no me convencía.

Lo que es este portfolio ahora

Este portfolio no es el más complejo que he hecho, ni el más avanzado técnicamente. De hecho, he construido cosas más elaboradas antes. Pero sí es el primero que realmente existe fuera de mi cabeza, el primero que está publicado y no abandonado a medias.

Lo que aprendí

No necesitas el stack perfecto, ni el diseño perfecto, ni el momento perfecto para publicar algo. Lo único que necesitas es dejar de reiniciar constantemente.

Porque empezar de cero se siente productivo, pero en realidad te aleja de terminar.

Y esta vez, no quiero volver a borrarlo.